Zaha Hadid, arquitecta global.

Pasados meses del desafortunado fallecimiento de Zaha, retomamos tres apuntes en torno a su obra.

Tal es el apasionamiento que generan muchos nombres de lo que hemos dado en llamar el Star System que ni la muerte de uno de los grandes nombres de la arquitectura contemporánea da un respiro que permita pensar desde la arquitectura y no desde las pasiones.

Esta idea, de un Star System (algo que tomamos del cine hollywodense para calificar un grupo de arquitectos que han trascendido fronteras con su arquitectura para impactar a escala global con lenguajes que permiten señalar de manera explícita la autoría de una edificiación) sirve hoy a los arquitectos de lo regional como antaño lo hiciera la equivocada idea de que la arquitectura moderna despreciaba el anclaje en el lugar que se espera de quienes creen que la arquitectura es un proyecto social cargado de simbolismos locales.

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DDP, Seoul; Imagen:Virgile Simond Bertrand.

Arquitectos como Zaha Hadid, Rem Koolhaas, Didier Scofidio y otros tantos nombres, conforman la élite de la mundialización de la arquitectura, un proceso que se relaciona en tiempos recientes con el efecto Bilbao, pero que podemos rastrear hasta el Renacimiento Italiano, momento en que unas formas determinadas se alejaban de sus geografías de origen para impactar territorios y culturas comportando el prestigio de lo foráneo y actual; este giro comporta el eje problemático entre el estilo como momento formal atado a una región, cultura y tiempo que predominó para puntualizar el periodo clásico de la historia de la arquitectura.

Esta actitud, de la que es un heredero fundamental el Movimiento Moderno, ha sido el blanco de incontables críticas de parte de diversos críticos que ven en las actitudes locales un elemento fundamental para la construcción de un entorno, bien sea desde la recuperación de arquitecturas autóctonas, de materialidades del sitio, o desde la misma idea de lugar, un concepto que permitió hablar de una actitud déspota de quienes planteaban una arquitectura desprovista de historicismos o que reducía al mínimo los significados que comportan materialidades, colores y distribuciones tradicionales en busca del claro ascetismo de las formas puras y las geometrías elementales.  Hoy, tras cien años de arquitectura moderna (casi quinientos si usamos la idea planteada para elevar la idea del Renacimiento a primer estilo ‘moderno’) y cuarenta de su crítica más fuerte,  nos aproximamos desde diversos frentes a las ideas de Le Corbusier, Mies o Gropius para recuperar el alto sentido de pertenencia a un lugar y tiempos específicos que se expresa en edificios como la Ville Savoye, la casa Farnsworth o el campus de la Bauhaus, momentos de transformación del paisaje que sin duda tienen uno de sus momentos paradigmáticos en Notre Dame du Haut (Ronchamp).

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En el link, sitio web del Monasterio de Santa Clara, las Clarisas en Ronschamp.

Pensar la obra de Zaha Hadid tiene esta connotación, su estilo personal se basa en una mezcla de valores de las vanguardias históricas con el uso activo de modernos softwares paramétricos para generar volúmenes que parecen agitarse ante la tensión de su propia presencia en los apáticos contextos en que se insertan; los programas arquitectónicos que acoge su arquitectura se enfrentan a la inmediata obsolescencia del contexto en que se emplazan, pues la potencia de su forma y de la actividad parametrizada es la herramienta para generar sorpresa y reactivar los escenarios de la vida contemporánea con el mismo efecto de shock que buscaran las vanguardias del siglo XX.  Todo a su lado cae en una inmediata obsolescencia.

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Vitra Fire Station, Weil am Rheim, Alemania; Imagen: Christian Richters.

Dicha rúbrica, que se mueve entre el expresionismo sensual de sus curvas y el frío ascetismo de sus prismas irregulares, goza del prestigio suficiente para que sus edificios tengan el valor de preciadas obras de arte que como piezas de colección se asientan en las ciudades-museo contemporáneas buscando que su carisma les permita competir en el mercado global del turismo y los negocios; su eficacia está representada en estas composiciones que remplazan la simbología delos lenguajes del pasado con los nuevos emblemas de la eficiencia y pragmatismo de los capitales transnacionales.

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Messner Mountain Museum Corones; Imagen: Inexhibit.

¿Zaha as a star architect?

No podemos ignorar que parte del impacto de su obra quizás tenga que ver con su formación en la Royal Academy, lugar desde el que se conformó sobre finales del siglo XX el Star System que, copiando la idea hollywoodense, hace valer el renombre de grandes artistas en la configuración del entorno arquitectónico si bien es, en parte, tras el boom del efecto Bilbao que esta forma de ver el actuar urbano ha enfatizado la necesidad de contar con un gran nombre tras todo emprendimiento.

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Oxford University Middle East Center at St Antony’s College; Imgaen: Luke Hayes.

Se tocan en este punto los intereses de una economía globalizada con los de una pobreza localizada, que tras agotar el horizonte de las industrias como motor del crecimiento urbano dirigen nuestra mirada a la ciudad misma como escenario de un nuevo mercado cuyo telón de fondo es la reforma urbana, pero que pretende generar mercados de plusvalía con la “economía naranja”, a través de centros de emprendimiento, ciudadelas de la innovación o la tecnología, grandes centros de transferencia del conocimiento patentado y registrado, acciones que desde el urbanismo buscan poner a las ciudades en competencia por los grandes capitales de la inversión en servicios e innovación, borrando las esferas de lo nacional para sumergirse en la idea de un mundo globalizado.  De allí que sus obras, que como hemos mencionado recogen este carácter de lo innovador y eficaz (valga la redundancia, son valores excelsos del capital contemporáneo), sirvan a las ciudades para aumentar su prestigio o vender su preponderancia en el mercado de servicios, innovaciones e investigación.

En imagen, diversos interiores de la obra de Zaha, Imágenes de: Iwan Baan, Virgile Simond Bertrand, Helene Binet, ZHA, Luke Hayes.

Si bien Arabia Saudita y los Emiratos Árabes – como otras potencias petroleras – han hecho de la obra de Zaha Hadid una piedra angular de sus reformas urbanas, también se mueve tras este coleccionismo – ego maniaco por lo demás – una forma de exhibicionismo que nos hace pensar en la cultura mafiosa de la construcción en países que como Colombia han vivido durante años de una falsa economía potenciada por el tráfico de drogas, en su versión petrolera (igual de dañina para el socio – ecosistema que el cultivo de drogas o la fabricación de precursores químicos).  El prestigio de lo inusitado, foráneo y extremadamente costoso que se mueve tras esta forma de ver la arquitectura contemporánea, también lo hace tras la compra de un tigre en Malasia para el patio de un capo o tras la construcción de un museo de Zaha para los Monets de algún príncipe persa.

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Heydar Aliyev Center, Baku; imagen: Hufton+Crow.

Zaha ¿deconstructivista?

En esta manera de ver la arquitectura, fácilmente podemos caer en la trampa de relacionar su aproximación plástica al edificio, particularmente en su producción reciente, con las veleidades teóricas del deconstructivismo;   la ansiedad que provoca el contraste de su arquitectura de autor con los contextos en que se construye sin duda desorientan la lectura de lo que implicaban las complejas nubes de conceptos que dieron forma a dicha manera de abordar el proyecto.  Sin embargo, sea este el momento de puntualizar que su quehacer arquitectónico estuvo mucho más cerca de la recuperación del espacio abierto por las vanguardias del arte que tras la implementación de las ideas de Derrida o Eisenman en la de construcción del lenguaje arquitectónico.  Su muy publicada tesis de grado –nuevamente la Royal Academy manipulando el mundo de las influencias- mostraba una profunda preocupación por la expresión de la vanguardia rusa, su desarrollo gráfico nos permitía soñar con una segunda vida de la arquitectura constructivista, una bandera que guiara la producción arquitectónica frente a la pléyade de ismos que desde el posmodernismo ponían en peligro la tradición moderna.

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Contemporary Arts Center, Cincinnati; Imagen: Roland Halbe.

Esta misma impresión, de un formalismo en el que la estética del constructivismo nos hacía soñar con nuevos escenarios de modernidad, se radicalizaba ante la fuerza del muro de concreto y los pilotis de reigambre moderna en la Estación de Bomberos en Vitra, cuna y salvaguara del mueble moderno.

Vitra Fire Station, Weil am Rhein, Germany, 1993

Estación de Bomberos Vitra, Well am Rheim; Imagen: H. Binet.

Sin embargo, es el momento de recordar que su producción más reciente está permeada por el poder del discurso de su socio, Patrik Schumacher, que alejó el quehacer de Zaha de la aproximación descrita, acercándole al reino de lo paramétrico, un reino con bajo compromiso ético pero un alto saldo formal, quizás valga acá la pena acompañar la reflexión de las palabras de Eisenman:

(…) en una reciente corrección de proyectos en una prestigiosa escuela de arquitectura de la costa Este de Estados Unidos, me impresionó la omnipresente influencia de una nueva, quizá más virulenta, variedad de formalismo, más virulenta porque se planteaba bajo el estandarte de un determinismo tecnológico de neovanguardia. El núcleo central de este formalismo reside en las avanzadas técnicas de información de modelado que se generan a partir de complejos algoritmos que producen procesos paramétricos de enorme complejidad y consistencia, repletos de su propia variabilidad y distorsión.  El ámbito, variedad y la energía de este trabajo me debería haber interesado personalmente, no sólo por mis recuerdos de esa institución como un bastión del conservadurismo intelectual, sino también en parte porque ese trabajo procesual de última generación estaba próximo a una idea de autonomía inherente en tales procesos carentes de autoría.  En lugar de ello, sentí que algo estaba radicalmente equivocado, algo que habla de un problema más general de la arquitectura de hoy en día. Se trataba de una autonomía liberada de todo compromiso ideológico pasional o firme.

Vidler, A. (2011). Historias del presente inmediato. Barcelona: Editorial Gustavo Gili. p. 7.

Quizás de allí el terrible desengaño de quienes esperamos durante años ver alguna de sus obras construidas: las obvias concesiones hechas por la arquitecta ante la inmediatez de lo real.  Sus proyectos iniciales, en los que la gráfica era un puntal fundamental para el desarrollo de una impactante espacialidad que retaba la idea de lo privado / cerrado desmaterializando la caja en términos espaciales para dar paso a una arquitectura, a La Arquitectura, cedían ante la presencia inefable de lo constructivo, ante los no valores de la especulación inmobiliaria o la producción serial.

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Galaxy Soho, Beijing; Imagen: Hufton + Crow.

Poco o nada podemos relacionar de su trabajo inicial, relacionable con la vanguardia y el constructivismo, como hemos señalado, y el repertorio de curvas y contracurvas que plagan su trabajo más reciente.

Zaha Hadid, la arquitecta del siglo XX.

Buscando bibliografía para este ensayo encontramos un texto que, nos parece, señala un valor que en aras de la continuidad de lo que es ‘políticamente correcto’ callan la mayoría de críticos o fans (como diría Almodóvar) de su obra: Zaha Hadid es la arquitecta más conocida de la historia, ninguna producción es más reconocida a nivel mundial que la suya.

Puedes ser ‘fans‘ o no, pero este es un hecho que no se puede negar; muchas veces, posteando fotos o haciendo otros tipos de divulgación de su obra en Facebook (https://goo.gl/ToxaT6), hemos sentido que cierto orgullo femenino se expresa en la cantidad de mujeres que re postean, dan like o hacen algún comentario expresando cómo ven en la obra de Zaha una promesa de figurar en una profesión que durante siglos ha estado presa del dominio masculino. Zaha Hadid es la presencia femenina de mayor impacto en la arquitectura del siglo XX.

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Evelyn Grace Academy, London; Imagen de Luke Hayes.

Sin lugar a dudas este factor, obviado o ignorado en aras de encontrar una arena crítica no marcada por la discriminación de los géneros, está relacionado con la expresividad de sus curvas, la aparente irracionalidad de sus diseños y cierta irracionalidad de lo femenino en contraposición a la racionalidad masculina, una idea que seguramente podrían desarrollar mejor Lacán o Zizek, pero que dejamos sobre el tapete por ser ella misma un silencio de la crítica.

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London Aquatics Center, Londres; Imagen de: Hufton + Crow.

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