VIVIENDAS GRATUITAS.

El secreto encanto de la vivienda social. 12.06.2012.

Diversas reacciones de toda índole ha generado la recién promulgada ley de vivienda que garantiza la gratuidad en Viviendas de Interés Prioritario (VIP) a cien mil familias en el corto plazo, y, de ser exitoso, a muchas más en el futuro.

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La loable iniciativa, que enfrenta decididamente el déficit de vivienda con calidad para gran parte de la población – uno de los mayores problemas de la sociedad colombiana –  surge en medio de las dudas que siembra el oportunismo con que se presentara al Congreso Nacional tras un momento de caída vertiginosa de la popularidad presidencial, sospecha reafirmada por la adición más reciente al programa: la garantía de acceso a redes de información y computadores en cada unidad de vivienda, subsidios a servicios públicos y tasas de interés reducidas, precisamente en otro punto de oportunidad, una estrategia mediante la cual el gobierno nacional espera recuperarse del desprestigio ocasionado por la salida en falso que significó la fallida reforma a la justicia, reglamentación arbitraria y fuera de los marcos constitucionales que aseguraba beneficios y prebendas para la clase política colombiana.

Como una constante del desarrollo urbano de nuestras ciudades, empobrecidas en la medida que se extienden los tratados de libre comercio y aumentan las desigualdades sociales, el oportunismo del político de profesión ve en ofertas que tienen un alto impacto en las encuestas el principal instrumento de planeación urbana.

La oferta de vivienda en zonas rurales, en cabeceras municipales con bajos niveles poblacionales o en puntos alejados de las ciudades región seguramente tendrá un impacto positivo en las frágiles economías apartadas de los nodos de intercambio de bienes y servicios generados por los recientes tratados de libre comercio y la apertura a la formulación de estrategias que impulsen un intercambio económico que hasta hoy es casi nulo al hablar de dichas zonas lejanas.

Para ciudades como Bogotá, sin embargo, ofertar vivienda en estas proporciones genera muchas inquietudes al incrementar la presión sobre los bordes urbanos, la falta de suelo urbanizable y la fragilidad de infraestructuras. Si bien los niveles de pobreza y desigualdad social exigen acciones decididas por parte del Estado, este tipo de solución populista carece de una visión que permita articular necesidades con ofertas.

En la práctica, el agotamiento del suelo urbanizable y la baja oferta de vivienda de interés social con calidad mínima para una vida digna contrastan con la propuesta gubernamental, que seguramente presionará o servirá de argumento para proponer, una vez más, la extensión del límite urbano, una invisible barrera que frena el crecimiento de la costra urbana sobre el rico ecosistema de la Sabana. La falta de suelo apto para este tipo de macroproyectos, puesta en contraste con la obsolescencia de infraestructuras de servicios públicos, de la malla vial, extensión frente a la alta  compacidad propia de nuestras ciudades –así se nos trate de vender una idea contraria- heredada del esfuerzo de centralización de la sociedad colonial, extenderá la distancia que los más pobres tienen que recorrer a los puestos de trabajo asociados a centralidades cada vez más lejanas de sus viviendas, se trata una vez más, de comprar votos a cambio de tejas y presas de pollo.

También es lamentable que se publicite en los medios de comunicación que la Vivienda de Interés Prioritario (VIP), un modelo de menor costo que la de interés social, será entregada gratuitamente a los  más pobres de los pobres; este mote genérico y teatral esconde la profunda brecha entre quienes se encuentran beneficiados por las oportunidades de la ciudad de la economía globalizada, y quienes no cuentan ni siquiera con condiciones mínimas para una vida, los desposeídos de la ciudad a quienes, indolentemente, la economía y el urbanismo contemporáneo denominan habitantes de calle, ellos son los verdaderamente más pobres entre los pobres, los miserables. La enorme cantidad de indigentes, de ciudadanos alejados por la violencia del ejercicio de sus derechos fundamentales, indocumentados (esto es importante pues no representan votos con la misma seguridad que los ciudadanos de bajos ingresos), conforman un segmento realmente necesitado de la asistencia del Estado, de soluciones que reten el ejercicio de una profesión, la arquitectura, cada vez más interesada en la búsqueda de modelos de competitividad global e internacionalización para sus prácticas (como bien se puede seguir en los modelos de competencias para la formación de nuestros profesionales) y menos en la solución o tan siquiera una aproximación a las realidades de la pobreza, a la búsqueda de alternativas que rompan los esquemas del oficio, haciendo a un lado esquemas copiados de otras latitudes que tratan de vendernos la idea de una sociedad del conocimiento, de la información, siendo, antes que nada, una sociedad de la desigualdad, de la acumulación del capital en manos de pocos.

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¿Quiénes son los más pobres de los pobres, como ha señalado el gobierno a los futuros beneficiarios, en nuestra sociedad? tal es la pregunta que abre la gratuidad de la vivienda, y más aún ¿pueden los más pobres sostener la carga económica que representa la vivienda urbana propia? Esta última pregunta ha sido contestada ya por el tiempo, es fácil recordar como damnificados – paradójicamente – por la iniciativa denominada vivienda sin cuota inicial, lanzada durante la presidencia de Belisario Betancur Cuartas(1982-1986), tuvieron que abandonar sus viviendas ante el pesado costo del impuesto predial o los servicios públicos, dejando con su partida casas mutiladas de toda infraestructura, pues esta última, revendida a los reducidores de los materiales de construcción, aseguraba algún ingreso que permitiera retornar a tugurios e invasiones que, en medio de condiciones lamentables y malsanas, son la solución ofertada por la ciudad a quienes no alcanzan una línea básica de ingresos para pagar por un derecho humano elemental, tal es el triste estado de nuestro nuevo contrato social.

Frente a la posibilidad de un sistema de vivienda en concesión, en arriendo, o sistemas similares que permiten controlar esta fatalidad paradójica de la propiedad de la vivienda en zonas urbanas, siempre está nuestra conciencia de dignidad basada en la propiedad. La casa propia como respuesta moderna a la indignidad que representa sentirse desposeído. Tal es el punto clave de nuestro pensamiento que explota el oportunismo político, otro punto de conflicto entre los guetos de exclusión que genera nuestra sociedad, aún en esquemas de dominio colonial, al tratarse de vivienda para un tipo específico de víctima de nuestras dinámicas de crecimiento; en tales barrios de exclusión se han convertido iniciativas que buscaban generar viviendas para desplazados, para reinsertados, para ex-paramilitares, para recicladores; seguramente los diseños de las nuevas viviendas obedecerán a los patrones de construcción de la VIS, un pobre urbanismo limitado a largas hileras de viviendas apiladas, en las que la calle o el parque son considerados desde el punto de vista del merchandising como un valor adicional para ser puesto en venta, o un gasto que disminuye las ganancias del constructor, y no como algo indispensable y en íntima conexión con la dignidad de la vivienda y la ciudad, pero principalmente un derecho humano fundamental.

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En tal sentido, el fracaso de las recientes alcaldías de la ciudad por favorecer un desarrollo claro de infraestructuras de transporte y servicios públicos, la caída en viejos esquemas de corrupción y delitos flagrantes contra el erario, nos hace recordar que la construcción es aún una práctica ligada a antiguos esquemas que atentan contra el bien común.  Por esta dirección participarán seguramente en los dividendos generados por estos programas –no podemos decir mentiras, los políticos ganarán votos, los constructores dinero- empresas que han sido multadas o han abandonado a medio construir programas de vivienda social por considerarlas inviables o de baja ganancia.

Sin  embargo, seguramente veremos construidas – y adjudicadas – tales viviendas en un plazo corto, pues tal es la crisis de imagen de la presidencia y su construcción es imperativa para subir de ratings, perdón, en popularidad. Dejaremos atrás las reflexiones necesarias sobre el crecimiento de la ciudad y la pobreza, o, para ser más realistas, en la urbanización de la indigencia que representa la construcción de los cinturones de miseria de nuestras metrópolis extendidas. No se despertará la necesaria reflexión sobre la calidad del urbanismo asociado a la vivienda social, algo que Convive nos ha enseñado depende de la participación de las comunidades, el gobierno y la academia. Tal es y ha sido el problema de nuestra frágil democracia, una palabra que se vacía de contenidos para garantizar el gobierno de quienes poseen los medios económicos para hacerse elegir.

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PD. Ni qué decir de la ley de sostenibilidad en la construcción que se está gestando por parte del Ministerio de la Vivienda… más de lo mismo, tecnologías importadas que dejan a un lado el problema de la calidad de la vivienda misma. ¿Será que se puede pensar una vida digna en 25m2?

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IMÁGENES.

http://donmatias-antioquia.gov.co/noticias.shtml?apc=Cnxx-1-&x=2058793
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vIVIENDA SOCIAL SIN CUOTA INICIAL EN DONMATÍAS, ANTIOQUIA.

01.03
http://www.arauca-arauca.gov.co/dependencias.shtml?apc=I-xx-1548355&x=2821258
Adquisición de Vivienda de interés social prioritaria VIS- Rural – 85 Mujeres jefes de Hogar

http://www.ambientti.com.co/blog/?tag=vivienda-de-interes-social
Primer Premio FIABCI para Ambientti Constructora con “Urbanización El Trébol”
la Federación Internacional de Profesiones Inmobiliarias

http://correodepuntadeleste.com/locales/la-intendencia-adquirio-cartera-de-tierras-para-levantar-mas-viviendas-de-interes-social/
vis en maldonado, punta del este

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